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Los bebés y sus papás, tema imperecedero.

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Convertirse en padre por primera vez no es un juego fácil y menos aún para los futuros papás, sus primeros vínculos con sus hijos se producen después del parto, ya que para nosotras, las mujeres, sucede desde el momento en que nos enteramos de que estamos embarazadas. Sin embargo, una cosa es cierta, el papel del padre tras la llegada del bebé depende de varios factores, entre ellos el entorno en el que ha crecido y su voluntad de formar parte de la vida de su hijo. A menudo se habla del instinto maternal, que es un instinto animal para responder a las necesidades de su descendencia, acompañado de un cóctel de hormonas y en particular, gracias a la oxitocina, que permite crear un vínculo infalible con el bebé. Sin embargo, lo que es menos conocido es que los papás también tienen esta capacidad de desarrollar esta hormona del amor respondiendo a las necesidades de sus hijos de la misma manera que lo hace la madre. Cuando un padre se ocupa realmente de su hijo, tranquilizándolo por la noche, dándole de comer, ayudándolo a dormirse, escuchándolo pacientemente... todas las responsabilidades menos glamurosas de la paternidad, desarrolla así su capacidad de crear oxitocina y de desarrollar un fuerte vínculo con su hijo de la misma manera que lo hace la madre. Cuanto más responda el padre a las necesidades de su hijo, más espacio creará el niño para su padre y sentirá la necesidad de que forme parte de su vida e incluso le exigirá desde las primeras semanas de vida del bebé. Los papás suelen pensar erróneamente que los bebés sólo necesitan a sus mamás durante sus primeros años de vida y que los papás aparecerán más tarde para cubrir otras necesidades como el juego, el aprendizaje en la escuela, etc. Esta idea errónea proviene del hecho de que culturalmente, como es el caso de los países en desarrollo, el hombre es responsable de trabajar y la mujer de cuidar a los niños. Los niños están formados para repetir este patrón, con matices más o menos pronunciados.  Si analizamos las diferencias culturales, cuanto más al norte vamos, los padres se implican más imparcialmente en la vida de sus hijos por la conexión que tienen con ellos. No lo ven como un deber o una obligación, sino como una elección de formar parte de la vida de sus hijos desde sus primeros años. Este simple concepto erróneo puede tener consecuencias bastante nefastas para la pareja, porque el padre nunca sabrá lo que significa realmente responder a las necesidades de los hijos, estar a su lado día y noche, en la alegría y en el sufrimiento, pero sobre todo por qué los hijos piden sistemáticamente a sus madres cuando necesitan consuelo y amor. Los padres no siempre comprenden cómo puede afectar visceralmente a la madre el hecho de ser solicitada constantemente sin poder recargar las pilas, las consecuencias de esta carga mental, el aislamiento, etc. Cuidar de un hijo equivale a 2,5 trabajos a tiempo completo sin descanso, sin vacaciones y a menudo sin reconocimiento. Pero todas las madres estarán de acuerdo en que una simple sonrisa, ver a sus hijos felices y sanos, vale todos los sacrificios del mundo. Estoy convencida de que el papel del padre ha cambiado enormemente en las últimas décadas y de que cada vez hay más padres que se implican en la vida de sus hijos, pero por desgracia sigue habiendo una enorme brecha de pensamiento. A menudo escucho que los hombres no tienen tiempo para cuidar de sus hijos porque uno de los padres tiene que ir a trabajar y mantener a la familia, lo cual no es totalmente falso, pero desarrollar una relación con tu hijo es una elección y si se percibe como un deber entonces sí se convierte en una carga. Las madres saben llevar muchas chaquetas al mismo tiempo, así que ¿por qué no los padres?

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