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El cuarto trimestre del embarazo - La transición a la vida fuera del útero

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Los primeros meses después del nacimiento de mi hijo, también conocido como el cuarto trimestre del embarazo, son un poco borrosos pero los recuerdos de sufrimiento están todavía muy arraigados en mi cabeza. Lo que uno sólo se da cuenta con el tiempo es que el nacimiento de un niño también representa e implica el nacimiento de una madre, y lamentablemente la sociedad occidental se centra mucho más en el bienestar del niño que en el de la madre. En Oriente, como en China, Líbano o Japón, por ejemplo, la nueva madre está rodeada por su familia cercana y es asistida durante 40 días después de dar a luz; sólo se levanta de la cama para alimentar a su hijo. Ahora que lo pienso, tiene mucho sentido. La joven moderna que soy, quizás demasiado, ha querido controlar todo desde el momento en que tuvo a su hijo en sus brazos. Quería probarme a mí misma y al mundo que era una "buena madre" y que podía controlar todo por mí misma, como si pedir ayuda fuera una vergüenza o una especie de debilidad. Dicho esto, no vivo en mi país de origen y no tengo familia ni amigos cercanos a mi alrededor. Así que hice lo que pude. Como dicen, sólo se aprende de los errores. Mi parte del trabajo estaba hecha, mi bebé fue alimentado exclusivamente con leche materna, con un pañal limpio en todo momento y para colmo siempre vestido con ropa bonita. Por otro lado, por mi parte, la fatiga comenzaba a hacerse sentir, la alegría de los primeros momentos comenzaba a ser reemplazada por un cansancio extremo, reflexiones como "¿algún día funcionaré como un ser humano normal? ¿Ser madre significa perder la alegría de vivir? ¿Es normal estar en piloto automático todo el tiempo? "estaban empezando a convertirse en una realidad.  El término exacto que resumía los primeros meses de la vida de mi bebé era "piloto automático", estaba haciendo mi trabajo pero no lo disfrutaba. Junto con todo lo demás, me sentía culpable de tener que disfrutar de estos momentos porque los niños crecen demasiado rápido, era una de las frases que odiaba oír. Podía ver a mi bebé crecer a gran velocidad pero no podía recuperarme de mi difícil parto, no podía recuperarme de más de 8 meses sin 5 horas de sueño seguidas, no podía recuperarme de toda la carga mental que se me había dado durante la noche, no podía recuperarme de las constantes discusiones con mi marido, etc. Así que me quemé después de 10 meses. Lo esperaba, pero no pude detener la máquina cuando estaba funcionando. Me di cuenta de que primero tenía que cuidarme a mí misma (siempre he sido consciente de ello pero ya no sabía cómo hacerlo y sobre todo por dónde empezar). Había llegado al fondo y no estaba seguro de poder volver a la superficie. Empezaba a sentir celos de la gente que se daba el lujo de dormir toda la noche, gente que reía y disfrutaba de la vida. Ya no me reconocí y me odié a mí mismo durante mucho tiempo. Dicen que convertirse en madre es un tsunami, creo que la gente subestima esta nueva realidad. Lo que ha sido más convincente para mí es la presión social que la sociedad ejerce sobre nosotros para ser esta madre perfectamente feliz que nunca tiene el derecho de expresar sus sentimientos más profundos o que la convierte en una mala madre. Dedicaría un artículo entero a esta presión social que no nos permite experimentar plenamente lo que todos sentimos en el fondo.